En una noche llena de nostalgia, energía y rock and roll, Miguel Mateos celebró los 40 años de su histórico álbum Solo en América con un concierto en el Auditorio Nacional, donde el público mexicano respondió con pasión a cada uno de sus clásicos. El punto más alto de la velada llegó con la aparición sorpresa de Alex Lora, ícono del rock mexicano, con quien Mateos compartió escenario por primera vez en un concierto formal.
"Yo quisiera cantar 'Las piedras rodantes', porque de alguna manera, somos dos piedras rodantes durante tantos años, con esto del rock and roll, estimado querido Alex", expresó Mateos antes de invitar al fundador de El Tri. Juntos interpretaron 'Las piedras rodantes' y 'Cuando seas grande', en una fusión simbólica entre dos leyendas del rock en español que han marcado generaciones.
El concierto arrancó con fuerza al son de 'Llámame si me necesitas', que encendió al público desde los primeros acordes. A lo largo de la noche, Mateos recorrió su extensa trayectoria, entonando éxitos como 'Ámame ahora no mañana', 'Es tan fácil romper un corazón' y 'Libre vivir', esta última recuperada después de años sin presentarse en vivo. Entre canción y canción, el argentino no dejó de agradecer: "¡Gracias México!".
Antes de la aparición de Lora, Mateos ya había generado emoción al entonar fragmentos de 'Las piedras rodantes' con su guitarra, sin revelar la sorpresa que se avecinaba. La ovación fue unánime cuando el líder de El Tri subió al escenario, sellando una colaboración que los fans recordarán por mucho tiempo.
El concierto también tuvo momentos entrañables: un fan le entregó una playera oficial de El Tri, que Mateos lució con orgullo, y entre risas pidió: "Dios, por favor, que la final del Mundial sea México vs. Argentina". A pesar de reconocer que le costaba un poco respirar por la altura de la Ciudad de México, Mateos entregó una actuación vibrante, saltando, coreando y conectando con cada rincón del recinto.
El cierre fue con 'Obsesión', en una versión que dejó atrás corazones heridos y los sanó con amor, energía y buen rock. La velada no fue solo un homenaje a un disco histórico, sino una celebración del legado compartido entre dos gigantes del rock iberoamericano.