La actriz estadounidense Amanda Peet reveló cómo sus tres hijos reaccionaron tras conocer su diagnóstico de cáncer de mama, un momento que calificó como uno de los más delicados y emotivos de su vida. En declaraciones a E! News y en un reciente ensayo publicado en The New Yorker, Peet detalló que decidió esperar hasta estar emocionalmente preparada y contar con información clara sobre su pronóstico antes de compartir la noticia con su familia.
La intérprete, de 54 años, madre de Frances, de 19, Molly, de casi 16, y Henry, de 11, explicó que la decisión de hablar con ellos llegó tras confirmarse que una segunda masa detectada en una resonancia magnética era benigna. «El momento más difícil fue aceptar que no hay certezas y que nunca habría un momento perfecto para decírselo», confesó.
Al enterarse, Molly rompió en llanto, mientras que Frances, quien estaba en contacto vía FaceTime desde su universidad, se tapó la boca con la mano hasta poder asimilar la información. «Ambas temían que aún les estuviéramos ocultando algo o suavizando la realidad», escribió Peet, quien reflexionó sobre si, con el tiempo, se había acostumbrado a «mentiras terapéuticas» para proteger a sus seres queridos.
Afortunadamente, el cáncer fue detectado en etapa uno, con receptores hormonales positivos y HER2 negativo, lo que permitió que Peet se sometiera únicamente a una lumpectomía y radioterapia, sin necesidad de quimioterapia. Su primera revisión posterior al tratamiento arrojó resultados limpios a mediados de enero de 2026.
La actriz también enfrentó el duelo por la muerte de sus padres, Charles Peet y Penny Levy, quienes fallecieron en hospicios en costas opuestas de Estados Unidos durante el mismo periodo en que ella procesaba su diagnóstico. A pesar de estos retos, destacó la importancia de mantener conversaciones difíciles con sus hijas, especialmente en una etapa en que ambas están al borde de la adultez.
En un tono más ligero, Peet recordó cómo a sus hijos les parece «extraño» su trabajo como actriz, especialmente tras verla en la comedia romántica Something’s Gotta Give (2003), donde interpretaba a la pareja joven de Jack Nicholson. «Les mostré la película pensando que sería un orgullo para ellos, pero la apagaron a los cinco minutos diciendo que era “reprehensible” y “éticamente dudoso”», bromeó.
No obstante, encontró un gesto entrañable en medio de todo: sus hijas ahora revisan su clóset en busca de sus vestidos de diseñador. «De repente, pasaron de decirme que era poco cool a querer usar mi ropa. Y pensé: ‘Miren quién está entrando a mi clóset ahora’», concluyó con una sonrisa.