El guardia de seguridad de la cantante estadounidense Chappell Roan, Pascal Duvier, fue despedido en 2016 por Kim Kardashian tras el célebre robo de joyas en París, según reveló Daily Mail. Ahora, Duvier está nuevamente en el ojo del huracán tras un incidente con una menor durante un desayuno en el hotel cinco estrellas Palácio Tangará, en São Paulo, Brasil.
Duvier, de 53 años y experto en judo de origen alemán, era responsable de la seguridad de la familia Kardashian durante el asalto del 2016, en el que Kim perdió joyas valoradas en unos 10 millones de dólares. Esa noche, se encontraba en una discoteca con Kourtney y Kendall Kardashian, dejando a Kim sin protección en su habitación. La aseguradora demandó al guardaespaldas, y el caso concluyó con un acuerdo extrajudicial en 2020.
El fin de semana, Duvier protagonizó un nuevo escándalo al abordar de forma “agresiva” a Ada Law, hija de 11 años del actor Jude Law, y a su madre, Catherine Harding, según relató Jorginho Frello, futbolista del Flamengo y pareja de Harding. Según testigos, Ada simplemente caminó cerca de la mesa donde Roan desayunaba, la reconoció y regresó a su lugar. No tomó fotos ni intentó interactuar.
"No tenía su teléfono, no intentó tomar una foto, no hizo nada, solo miró y sonrió", afirmó Harding en videos publicados en redes sociales. Acusó a Duvier de reprocharles estar “acosando a la gente”, cuestionar su forma de educar a su hija y amenazar con presentar una queja formal ante el hotel. Calificó a la niña de “mal educada”.
Tras la difusión del caso, el alcalde de Río de Janeiro, Eduardo Cavaliere, anunció en X que Roan tiene prohibido actuar en la ciudad: "Mientras yo esté a cargo de nuestra ciudad, esta joven señora @ChappellRoan nunca actuará en Todo Mundo No Rio". Invitó además a Ada como huésped de honor a un evento en mayo.
Roan negó haber visto a la madre y la niña y aseguró en un video en Instagram que "ni siquiera vi a una mujer y una niña". Su portavoz reiteró que la cantante "no estaba al tanto" del incidente y que exige "los más altos estándares" a su equipo, con tolerancia cero ante comportamientos agresivos.
En tono conciliador, Roan expresó: "No odio a las personas que son fans de mi música. No odio a los niños, eso es una locura. Si se sintieron incómodas, eso me pone muy triste. No lo merecían".