La actriz Anne Hathaway, de 43 años, ha abierto el corazón sobre su lucha interna con la imagen corporal en la edición de mayo de 2026 de la revista Harper's Bazaar, desmintiendo la idea de que su apariencia juvenil en alfombras rojas refleja una total confianza en sí misma.
Conocida por su papel en The Devil Wears Prada 2 y por lucir como si tuviera la mitad de su edad, Hathaway admitió que hay días en los que mirarse al espejo se convierte en un reto emocional. "Algunos días te ves y piensas: 'No está mal'", comenzó, "y otros días te miras y dices: '¿Qué?'. Y yo estaba teniendo un día '¿Qué?'", reveló, haciendo alusión directa a episodios asociados con el trastorno dismórfico corporal (TDC).
Este trastorno, según la Clínica Johns Hopkins, afecta profundamente la salud mental, llevando a las personas a obsesionarse con aspectos percibidos de su apariencia física, lo que puede interferir con su vida diaria. Hathaway ilustró esta lucha con una anécdota personal: olvidó empacar su traje de baño "de emergencia" y terminó usando el "aspiracional" en un día en que no se sentía cómoda con su cuerpo. "Estaba lista para pasar un gran día con mi familia, pero iba a estar frente a extraños, con cámaras por todas partes... y todo eso", describió.
A pesar del malestar inicial, tomó una decisión transformadora. "Mi familia me esperaba. Me vi y dije: '¿Qué?'. Luego volví a mirarme y pensé: 'Tienes 43 años'. Y al ver ese cuerpo de 43 años, dije: 'Bien'". Reconoció que la inseguridad surge cuando espera verse distinta, pero que al aceptar la realidad, encuentra paz. "Cuando realmente miro lo que soy, estoy bien con ello", afirmó.
Hathaway también cuestionó los estereotipos sobre el envejecimiento, señalando que muchas conversaciones asumen que la juventud es la etapa más feliz. "Yo no creo necesariamente que eso sea cierto. No esperaba encontrar otra marcha a los 40", dijo, destacando que hoy es más feliz que en su juventud.
Respecto a los rumores sobre cirugías estéticas —desatados por su aspecto juvenil en eventos recientes—, la ganadora del Oscar evitó comentarios médicos directos, aunque ha atribuido su apariencia al abandono del alcohol y al uso de productos de Shiseido, marca de la que es embajadora. En 2008 ya había revelado haber considerado una rinoplastia por presiones de belleza en Hollywood.
Su mensaje final fue uno de madurez emocional: "Uno entiende que la preocupación debe reservarse para asuntos verdaderamente importantes".