El bajista Sabo Romo, reconocido como uno de los fundadores de la legendaria banda Caifanes, sorprendió al público al declarar que, llegado el momento de la vejez, solicitaría la eutanasia. En una entrevista concedida a TVNotas, Romo precisó que su decisión no está motivada por una enfermedad actual, sino por una reflexión personal sobre la autonomía y el deseo de no generar cargas a sus posibles cuidadores.
El músico explicó que, aunque reconoce la existencia de personas dispuestas a acompañarlo en la vejez, prefiere tomar una decisión anticipada y consciente sobre su propio destino. Esta postura lo sitúa dentro de la discusión más amplia sobre el derecho a decidir el final de la vida, incluso en ausencia de una condición terminal.
En México, la eutanasia está prohibida por la Ley General de Salud, que tipifica como homicidio por piedad a cualquier intervención médica destinada a provocar la muerte, aun con consentimiento del paciente. Por ello, los profesionales de la salud no pueden asistir en la práctica de la eutanasia ni del suicidio asistido, lo que coloca al país entre las naciones que no reconocen legalmente estas opciones.
Sin embargo, la legislación mexicana contempla la figura de la voluntad anticipada o directivas anticipadas, un mecanismo que permite a los pacientes expresar, de forma informada, su rechazo a tratamientos médicos que prolonguen artificialmente la vida en caso de enfermedad terminal o condición irreversible. Este recurso no busca acelerar la muerte, sino evitar intervenciones invasivas y garantizar una muerte natural acompañada de cuidados paliativos.
La diferencia entre eutanasia y voluntad anticipada es crucial en el debate ético y legal: la primera implica una acción directa para causar la muerte, mientras que la segunda respeta la decisión del paciente de no someterse a tratamientos desproporcionados. La declaración de Romo reaviva la conversación sobre la necesidad de ampliar los derechos de autonomía personal en México, especialmente en lo que respecta al final de la vida.