La gira de Pepe Aguilar en Estados Unidos colapsó. Lo que comenzó como un recorrido de diez conciertos quedó reducido a una única fecha activa, el 12 de julio en Virginia, mientras que el resto de los eventos fueron cancelados sin previo aviso o con mensajes estándar de “Desafortunadamente, el organizador del evento tuvo que cancelar tu evento…”.
Según plataformas de venta, varios conciertos desaparecieron de la agenda y, en los casos en que se notificó la cancelación, la información fue escasa, lo que generó incertidumbre entre los seguidores. La única presentación que permanece disponible muestra todavía una amplia oferta de boletos, lo que sugiere que la demanda sigue siendo limitada.
El descenso en la taquilla no es un hecho aislado. En los últimos meses, Leonardo Aguilar y Ángela Aguilar también han enfrentado dificultades similares en territorio estadounidense. Leonardo se presentó en Albuquerque ante un aforo que apenas alcanzó entre el 5 % y el 10 % de la capacidad del recinto, y parte de los boletos se distribuyó mediante donaciones. Por su parte, la gira “Libre Corazón” de Ángela mostró disponibilidad de boletos alta hasta el último momento, obligando a la organización a lanzar promociones y descuentos, incluidos paquetes 4 x 1, para intentar llenar los recintos.
El fenómeno ha generado una conversación digital intensa. Usuarios de redes sociales señalan una aparente desconexión de la dinastía Aguilar con una parte del público latino en EE. UU., que históricamente había sido una base sólida para el género regional mexicano. Las comparaciones con otros artistas del mismo estilo han intensificado el debate sobre la relevancia actual de la familia Aguilar en el mercado estadounidense.
Mientras tanto, Pepe Aguilar ha permanecido en silencio respecto a la reducción de su gira, lo que ha alimentado la especulación y la crítica en medios y plataformas sociales. La ausencia de un posicionamiento oficial contrasta con la alta visibilidad del tema en la conversación pública.
En conclusión, el desplome de la gira de Pepe Aguilar no solo afecta su propia agenda, sino que también repercute en la proyección de sus hijos, poniendo en tela de juicio la capacidad de la dinastía para mantener su conexión con el público latino de Estados Unidos.