Los Tigres del Norte, referentes indiscutibles del género regional, anunciaron el 5 de mayo de 2026 una gira que recorre ciudades de México, Estados Unidos, Centroamérica y Sudamérica, pero que deja fuera a aquellas donde las autoridades han impuesto prohibiciones a la interpretación de corridos. La decisión, que refleja una postura frente a la creciente censura, incluye paradas en Puebla, Ciudad de México y Santiago (Nuevo León), mientras que en Tijuana, la única localidad con restricción vigente, la agrupación modificará su repertorio para acatar la normativa que prohíbe la difusión de narcocorridos y cualquier contenido que haga apología del delito.
El anuncio se produce en medio de una presión institucional intensificada tras polémicos conciertos de música regional. Para evitar conflictos legales, el cantante Jorge Hernández declaró a El País que la banda tendrá que “cambiar la palabra corrido” y referirse a sus piezas como “historias”, con el fin de no incurrir en sanciones. Hernández defendió el origen del corrido como una forma de narración social y aseguró que sus letras buscan informar sin ofender, comparándose con el trabajo de un periodista que relata hechos de manera clara y veraz.
Esta estrategia pragmática llega mientras gobiernos estatales refuerzan medidas contra canciones que aluden al crimen organizado. A nivel federal, la presidenta Claudia Sheinbaum ha manifestado que, aunque no se deben prohibir los corridos, sí se debe promover otra música que no glorifique la violencia. En este contexto, Los Tigres del Norte optan por adaptar su discurso sin sacrificar el contenido esencial de sus composiciones, asegurando que cuentan con un amplio repertorio que les permite actuar sin necesidad de interpretar corridos si así lo exigen las autoridades.
La gira 2026, por tanto, no solo constituye una agenda de conciertos, sino también una respuesta directa a un entorno donde la música regional enfrenta nuevas regulaciones, presiones políticas y un debate creciente sobre sus límites. La decisión de la agrupación subraya la tensión entre la libertad artística y las políticas de seguridad, y plantea preguntas sobre el futuro del corrido en México.