La influencer británica conocida como Bonnie Blue, cuyo nombre legal es Tia Billinger, volvió a aparecer en público con un abdomen visiblemente avanzado, asegurando que ahora sí espera un bebé. La aparición se dio en la playa de Ayia Napa, donde la creadora de contenido para adultos mostró su supuesta barriga y difundió un comunicado en el que reiteró que está embarazada y que “no es culpa suya que la gente sea tonta”.
El anuncio se produce apenas dos meses después de que la misma figura admitiera haber utilizado una prótesis de silicona para simular un embarazo, confesión que hizo el 31 de marzo en una entrevista con Us Weekly. En esa ocasión, Billinger explicó que la farsa formó parte de una estrategia de “rage bait” destinada a generar millones de visualizaciones.
En una entrevista exclusiva con el Daily Star el 29 de mayo, la influencer describió los síntomas típicos del embarazo – náuseas, vómitos y dificultad para encontrar ropa adecuada – y confirmó que el bebé está “sano”. No reveló el sexo del niño, aunque sí indicó que la fecha estimada de parto sería en noviembre de 2026.
El punto más controvertido de la entrevista surgió cuando anunció que celebrará un “golden baby shower”. Según explicó, el evento combinará los juegos tradicionales de un baby shower con la práctica sexual conocida como “golden shower”, invitando al público a orinar sobre ella y a mantener relaciones sexuales durante la celebración. La propuesta fue repetida en una entrevista con la emisora británica LBC, donde la conductora Shelagh Fogarty manifestó su incomodidad y cuestionó la idoneidad de la idea para una mujer embarazada.
Bonnie Blue respondió sin titubear: “Es mi cuerpo, es lo que elijo”. Aseguró que el evento no tiene la intención de denigrar al bebé, aunque admitió que la mezcla de actividades “es complicada”. La polémica ha reavivado el debate sobre los límites de la exposición sexual en redes sociales y la responsabilidad de los creadores de contenido con audiencias jóvenes.
Mientras tanto, los seguidores de la influencer se dividen entre quienes la apoyan en su derecho a decidir sobre su cuerpo y quienes la acusan de buscar escándalo para mantener la relevancia mediática. Las autoridades de varios países, incluida el Reino Unido, han señalado que podrían abrir investigaciones si se comprueba que se vulneran normas de salud pública o de protección a menores.