En una conversación íntima con su amigo y socio Rob Mac para la revista GQ, el actor de 49 años, conocido mundialmente por su papel de Deadpool, recordó el dramático accidente que vivió a los 18 años y que casi le cambia la vida.
Reynolds explicó que, tras salir de un bar y tomar una cerveza, decidió no conducir a pesar de que su casa estaba a solo cuatro cuadras. "Pensé: ‘¿Sabes qué? No voy a conducir a ningún lado’," relató. Sin embargo, al cruzar la calle fue embestido por un automóvil conducido por una persona ebria.
El impacto fue tan violento que el actor sufrió fracturas en todos los huesos del lado izquierdo y quedó internado durante cuatro semanas. "Me rompí todos los huesos del lado izquierdo y el coche del agresor quedó inservible", afirmó con humor negro, recordando también la escena de despertar tres días después del accidente con su padre, James Reynolds, sosteniendo una bandeja de vómito.
Ese episodio marcó una etapa de recuperación prolongada; Reynolds admitió que nunca volvió a sentirse completamente igual, aunque continuó realizando papeles físicamente exigentes, como el antihéroe de Deadpool. En 2022 declaró a Variety que le gusta la fisicalidad en las películas, pero reconoce que la edad le obliga a ser más cauteloso.
Hoy, el actor sigue activo en la industria. Junto a Hugh Jackman, con quien compartió pantalla en Deadpool & Wolverine, está preparando una docuserie para Disney+ sobre el equipo de vela BONDS Flying Roos SailGP, una competición de catamaranes que alcanza los 100 km/h. El proyecto, aún sin título oficial, promete acción, comedia, corazón y, según los protagonistas, "mucho más agua y, con suerte, piratas".
El relato de Reynolds no solo revela una experiencia cercana a la muerte, sino también la resiliencia que lo ha llevado a consolidarse como una de las mayores estrellas de Hollywood.