Armie Hammer, quien vio su carrera en Hollywood truncada por acusaciones de abuso psicológico y sexual, declaró que estuvo cinco años sin recibir una sola oferta de trabajo. En una entrevista exclusiva con The Hollywood Reporter, el actor admitió que, ante la falta de oportunidades, aceptaría cualquier proyecto, “incluso un maldito comercial de comida para gatos”, para volver a ejercer su oficio.
La primera propuesta llegó del director alemán Uwe Boll, conocido por sus producciones de bajo presupuesto. Hammer recordó haber llorado al leer el correo electrónico, pues representaba la posibilidad de volver a trabajar y, sobre todo, de estar presente para sus hijos. La película, Citizen Vigilante, se rodó en Croacia con un guion de apenas 50 páginas y marcó el fin del silencio impuesto por el escándalo.
El escándalo, que estalló en 2021, incluyó denuncias de varias mujeres que alegaron abuso psicológico y sexual, así como la difusión de mensajes explícitos atribuidos al actor. Una acusación de violación por parte de una exnovia de cuatro años fue negada por Hammer; la investigación del LAPD se cerró sin cargos, pero su agencia WME lo dejó y su publicista desapareció. Durante ese periodo, Hammer vivió en un apartamento de 18 m² en Venice Beach, sin apoyo económico y sin herencia tras la muerte de su padre.
Desde la oferta de Boll, Hammer ha participado en tres producciones más de bajo presupuesto: Frontier Crucible (un western), Night Driver (un thriller sobre la mafia en Los Ángeles) y un proyecto sin anunciar filmado en Bulgaria, donde interpreta a una figura real cuya identidad se mantiene confidencial.
Sin agentes, mánager ni publicista, los interesados deben contactar al abogado del actor a través de IMDb Pro. En los sets actuales, sus colegas expresan sorpresa por su disposición a aceptar cualquier trabajo, mientras él comenta que su agenda está “bastante libre”.
La vida cotidiana de Hammer gira ahora en torno a sus dos hijos, una niña de 11 años y un niño de 9, a quienes lleva a la escuela y recoge diariamente. Su rutina incluye meditación, ejercicio de gratitud y tareas domésticas, describiendo su día como “casi monástico”.
Al ser preguntado si desearía retroceder en el tiempo, Hammer respondió que no, pues considera que el estado emocional y mental en el que se encontraba antes del escándalo era parte de su proceso y que “las personas sanas no actúan como yo actuaba”.