Frankie Grande, actor, cantante y personalidad televisiva, cumplió este mes nueve años de sobriedad. En su nuevo libro Supergay!, publicado recientemente, el artista de 43 años relata con crudeza los episodios que lo llevaron a la adicción y el momento decisivo que lo sacó del abismo.
El relato comienza con sus primeras experiencias con el alcohol durante la universidad y avanza hasta su incorporación al elenco de Mamma Mia! en Broadway en 2007. A lo largo de esa etapa, la presión profesional, una ruptura sentimental, el diagnóstico de Parkinson de su padre y la muerte de una tía intensificaron su consumo de sustancias como mecanismo de escape.
«Fiestas. Drogas. Me quitaban el dolor. Y así, me dejé arrastrar felizmente al abismo de la adicción», escribe Grande. Con el tiempo, su tolerancia aumentó y el consumo se volvió compulsivo, pese a varios intentos fallidos de abstinencia.
El punto de inflexión llegó en 2017, cuando viajó a Londres para acompañar a su hermana Ariana tras el atentado en el Manchester Arena. La culpa y la desconexión emocional lo llevaron a confesar su adicción a Ariana y a considerar la rehabilitación. Sin embargo, antes de ingresar al centro, decidió “una última juerga” en un hotel londinense, una noche que describió como “tres de los días más oscuros de mi vida”.
Dos semanas después, el 16 de junio de 2017, ingresó voluntariamente a un centro de rehabilitación. Desde entonces, afirma haber mantenido la sobriedad de forma continua, describiendo la recuperación como un trabajo diario que requiere apoyo familiar y una constante vigilancia de la culpa y la vergüenza que lo persiguen.
«Había dos opciones: morir o rehabilitarme», declaró en entrevista con People. Grande reconoce que la familia, especialmente su madre y su hermana Ariana, fueron pilares fundamentales para reconstruir relaciones dañadas y restablecer la confianza.
El libro también subraya que la sobriedad no es un estado estático; es un proceso que implica “esfuerzo constante” y la conciencia de que una recaída puede significar la pérdida de todo lo recuperado.
Con su testimonio, Frankie Grande busca desestigmatizar la adicción y ofrecer una guía de esperanza para quienes atraviesan situaciones similares, demostrando que, aunque el camino sea arduo, la recuperación es posible con apoyo y determinación.