En una entrevista exclusiva con el creador de contenido Nayo Escobar, Lyn May reveló los detalles del dolor físico y emocional que le provocó un tratamiento estético realizado cuando era joven, el cual terminó con la inyección de aceite de cocina en su rostro, dejándola desfigurada de forma irreversible.
El episodio marcó un punto de inflexión en la carrera de la icónica vedette, quien pasó de ser una de las figuras más admiradas de los años setenta y ochenta a enfrentar críticas, burlas y una profunda depresión. "Me miré al espejo y pensé que me iba a suicidar", confesó la artista, describiendo el momento en que la desesperación la llevó a considerar el final de su vida.
Según la propia Lyn May, la decisión de someterse al procedimiento fue tomada bajo la confianza ciega en personas que no eran profesionales de la medicina estética. "Me inyectaron aceite de cocinar. No sabes qué terrible", explicó, subrayando la gravedad del daño y la falta de regulación en algunos tratamientos de belleza.
El apoyo familiar, especialmente el de su madre, y la solidaridad del público fueron fundamentales para su recuperación. "Me quiere mucho la gente porque saben lo que he pasado", afirmó, resaltando cómo el cariño de sus seguidores se convirtió en un motor para seguir adelante.
El testimonio de Lyn May se suma a la creciente conversación sobre los riesgos de los procedimientos estéticos sin supervisión médica adecuada, sirviendo como advertencia para quienes buscan cambios físicos sin la debida precaución.
Con más de seis décadas de trayectoria, la vedette ahora utiliza su experiencia para concientizar sobre la importancia de la salud mental y la seguridad en los tratamientos de belleza, enviando un mensaje contundente a la industria y al público: la belleza no debe costar la vida.