Pablo Ruiz, ícono del pop argentino de los años ochenta, confesó que la discriminación por su homosexualidad lo mantuvo preso en una cárcel psicológica y económica durante más de una década. El artista, cuyo nombre real es Pablo Coronel, alcanzó la fama internacional a finales de los 80, destacándose en el Festival de Viña del Mar 1989 con la Antorcha de Plata. Sin embargo, su éxito se vio truncado cuando su sello discográfico intentó reconfigurar su imagen para que encajara en un estereotipo de masculinidad que él no compartía.
El caso de Ruiz subraya la urgencia de que sellos discográficos y productoras abandonen los prejuicios que convierten la orientación sexual de un artista en un obstáculo profesional, garantizando así un entorno artístico libre de discriminación.