El camino entre el sueño y la caída estuvo pavimentado con once millones de dólares que nunca llegaron a la pantalla.
El responsable de 47 Ronin, aquella cinta de samuráis protagonizada por Keanu Reeves, fue declarado culpable en diciembre de fraude electrónico federal. Según la acusación, Rinsch convenció a Netflix de que necesitaba exactamente 11 millones de dólares para terminar la serie White Horse. Pero en lugar de cámaras y efectos especiales, el dinero se fue en cinco Rolls-Royce, un Ferrari rojo, relojes de lujo, ropa por 652 mil dólares y, atención, 638 mil dólares en dos colchones. Sí, colchones.
Los fiscales presentaron una radiografía del descontrol: Rinsch desvió los fondos a una cuenta personal, perdió la mitad en inversiones fallidas en cuestión de meses y luego intentó remontar con criptomonedas. Cuando logró algunas ganancias, las depositó en su propia cuenta. El resto se fue en artículos de cama y sábanas de alta gama por 295 mil dólares, además de pagar deudas de tarjetas de crédito por 1.8 millones. Todo mientras la serie, que nunca existió realmente, seguía siendo un sueño en su cabeza.
La defensa apostó por la salud mental. Sus abogados argumentaron que los problemas psicológicos y la medicación mal administrada llevaron a Rinsch a tomar decisiones catastróficas. "Este proceso me ha obligado a afrontar aspectos de mi salud, mi juicio y mi vida", declaró el director frente al tribunal, visiblemente arrepentido. "No supe reconocer el peligro del estado en el que me encontraba". Pero el fiscal David Markewitz no compró la historia: "El señor Rinsch tenía todas las ventajas posibles —dinero familiar, educación de élite, amigos famosos— y su motivo era la pura avaricia".
Entre los que pidieron clemencia estuvo nada menos que Keanu Reeves, el protagonista de Matrix y estrella de 47 Ronin. En una carta al tribunal, Reeves describió a Rinsch como alguien que "aporta una alegría y calidez excepcionales" y que es "fuente de inspiración creativa". Eso sí, el actor reconoció no conocer los detalles del caso y señaló que su colega "puede autosabotearse al exagerar la magnitud, el alcance y el contexto de lo negociado". La carta no logró suavizar la sentencia.
El juez Jed S. Rakoff aceptó que los problemas mentales "pueden explicar algunos de los excesos", pero sentenció que no restaban valor a la conclusión: Rinsch mintió para obtener dinero y mintió para encubrirlo. Mientras escuchaba su condena, el director garabateaba en un trozo de papel sobre la mesa. Uno de sus abogados le dio una palmada en la espalda. Después, Rinsch abrazó a las personas que fueron a apoyarlo. Su abogado Daniel McGuinness adelantó que apelarán la sentencia. Netflix, por su parte, optó por el silencio.
Rinsch deberá ingresar a prisión en septiembre. Tiene 48 años, una carrera que alguna vez prometió grandes cosas y una lección de once millones de dólares que nunca se convertirá en serie.