Sharon Stone confirmó que, durante los últimos doce meses, dejó de fumar marihuana y se deshizo del último fármaco que le recetaron tras el ictus casi fatal que sufrió en 2001. La actriz describió el proceso como "como dejar la maldita heroína", y admitió haber estado "enferma como un perro" durante cuatro meses y medio.
En septiembre pasado, Stone se bajó de un medicamento anticoagulante pese a la advertencia de sus médicos, quienes le dijeron que no podía suspenderlo. "Me dijeron: ‘No puedes dejarlo. Nunca podrás dejarlo’. Y yo: ‘Me lo estoy dejando’", declaró en la entrevista con la revista Variety.
El consumo de cannabis también resultó complicado. Tras años de uso recreativo, la actriz experimentó una fuerte recaída durante un mes al intentar abandonar la planta, lo que llevó a su neurólogo a advertirle que la situación era más grave de lo que muchos creen, señalando casos de urgencias por marihuana.
Stone, quien había sido diagnosticada con un ictus en 2001 y recibió múltiples prescripciones, ha ido reduciendo progresivamente su farmacología, pero el último fármaco persistió hasta el mencionado septiembre. "Quería recuperar mi vida. Quería una vida libre de drogas", afirmó.
Además de su recuperación física, la actriz ha reencontrado otras pasiones. Durante el confinamiento por la COVID‑19 retomó la pintura, convirtiendo su dormitorio en un estudio improvisado que luego trasladó a la casa de invitados. Actualmente vende sus obras en galerías internacionales.
En el ámbito profesional, Stone volvió a las pasarelas después de 33 años, cerrando el desfile de menswear de Vetements en París, y ha participado en proyectos como Euphoria, Nobody 2 y In Memoriam. También manifiesta su interés por el teatro, buscando adaptar All About Eve y otras obras con enfoques punk y feministas.
Según la actriz, el último año ha sido "un período en el que he recuperado realmente mi vida", consolidando una nueva etapa libre de adicciones y enfocada en la creatividad y la actuación.