Yalitza Aparicio, la actriz oaxaqueña que protagonizó Roma y recibió una nominación al Oscar, habló este lunes con Nayo Escobar sobre el intenso escrutinio que sufrió desde el inicio de su carrera y cómo ese acoso la llevó a desarrollar lo que hoy reconoce como síndrome del impostor.
Durante la entrevista, Aparicio recordó que, antes de asistir a un casting al que acompañó a su hermana, trabajaba como docente en una comunidad rural de Oaxaca y no imaginaba que su vida cambiaría radicalmente. Tras la proyección de la película, los comentarios sobre su apariencia, su origen indígena y su falta de formación actoral se multiplicaron en redes sociales y medios, generando una presión psicológica que la hizo dudar de sus méritos.
"Cuando me anunciaron la nominación al Oscar sentí miedo, no solo alegría. Empecé a creer parte de esas críticas y mi voz interior se volvió muy crítica", confesó la actriz. Según explicó, el constante cuestionamiento alimentó una sensación de no merecer el reconocimiento, típica del síndrome del impostor, que la hizo sentir como una impostora en el mundo del cine.
El apoyo de su familia resultó fundamental para contrarrestar esa inseguridad. Aparicio señaló que, al enfocarse en sus propios objetivos y en la voz interior que la impulsaba, logró separar el valor de su trabajo de los juicios externos. Con el tiempo comprendió que, aunque su ingreso al cine fue inesperado, su sensibilidad y compromiso como intérprete eran legítimos.
Hoy, además de participar en nuevos proyectos cinematográficos, Yalitza continúa su labor como Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, impulsando iniciativas de educación, inclusión y representación de los pueblos indígenas. La actriz afirma que utiliza la visibilidad obtenida con Roma para abrir espacios de conversación sobre la diversidad y combatir los prejuicios que persisten en la sociedad mexicana y mundial.