Kenny Avilés, una de las pocas personas que Gustavo Cerati dejaba entrar a su camerino antes de subir al escenario, recordó en una entrevista con Javier Paniagua (2024) la amistad que los unió durante casi 45 años de carrera del mexicano.
La relación comenzó cuando Soda Stereo visitó México por primera vez y Cerati, aún desconocedor del entorno local, encontró en Avilés a su guía informal. El cantante lo acompañaba a Cuernavaca, al hotel estilo árabe Marhaba Club, donde disfrutaban de alberca, restaurante y discoteca, y le organizaba salidas que le permitían “pasear” fuera del foco mediático.
Con el paso del tiempo, la amistad se entrelazó con la esfera profesional: Avilés abrió tres conciertos de Soda Stereo en México y, en la última presentación del grupo en el país, Cerati lo invitó a estar a su lado antes del show, rompiendo la norma de que nadie ingresaba al camerino previo al espectáculo. “Casi nadie entraba antes del show al camerino. Siempre era después. Pero como yo llegué con él…”, recordó entre risas.
Avilés también asistió al concierto sinfónico de Cerati como solista, acompañado de Markovich. En el camerino, el argentino preguntó por la nueva guitarra de Avilés, a lo que él respondió que su guitarrista era el argentino Negro García López, a quien Cerati calificó de “nuestro Hendrix de Argentina”.
Para la cantante, la figura de Cerati ocupa un lugar único en la historia del rock en español. “En México el rey del rock es Alex Lora; en el mundo hispano es Gustavo Cerati. No hay quien le quite ese lugar”, afirmó con convicción.
Avilés también abordó el trágico final de Cerati: el accidente cerebrovascular sufrido en 2010 durante un concierto en Caracas y su fallecimiento en 2014 en Buenos Aires, tras una larga lucha sin recuperación de la conciencia. “Siempre fumando un cigarro. Y terminó, pues, con una enfermedad fea”, comentó, señalando la división familiar respecto a la decisión de desconectarlo.