En el vertiginoso mundo del espectáculo y el poder, las amistades suelen ser tan efímeras como la fama misma. Sin embargo, cuando se le pregunta al legendario boxeador Julio César Chávez quiénes permanecieron a su lado tras la gloria, las adicciones y las crisis, su respuesta es siempre la misma: Carlos Salinas de Gortari.La historia de este vínculo, que unió a dos de las figuras más emblemáticas de los años noventa en México, no nació en Los Pinos, sino antes de la campaña electoral de 1988. Según ha relatado el propio Chávez en entrevistas con Yordi Rosado y Adela Micha, fue Margarita de Gortari, madre del entonces candidato priista, quien impulsó el encuentro tras ver el carisma del joven pugilista de Culiacán en televisión. Fue en esa ciudad donde se conocieron personalmente, dando inicio a una relación que el deportista asegura nunca se rompió.Durante el sexenio de Salinas (1988-1994), Chávez alcanzó la cúspide de su carrera deportiva. El expresidente se convirtió en un consejero cercano, advirtiéndole sobre el peso de su popularidad transversal: "Usted no sabe lo mucho que lo quiere la gente. Es el único deportista querido por la clase baja, la clase media y la clase alta", le recordó en una ocasión. Lo más notable de esta relación es su resistencia al paso del tiempo. Mientras muchas conexiones se desvanecieron tras el fin del gobierno salinista, la amistad sobrevivió a las crisis personales y familiares del boxeador. En la serie documental Chávez vs. Chávez (2026), el excampeón reveló que Salinas aún lo llama por teléfono para preguntar cómo está y ofrecerle ayuda, un gesto de lealtad que Chávez valora profundamente, más allá de los millones de dólares que ya no gana.Aunque el propio Chávez ha admitido que esta cercanía pudo haberle complicado sus problemas fiscales durante el gobierno de Ernesto Zedillo, nunca ha utilizado su plataforma para defender la gestión política de Salinas. Para el boxeador, su vínculo con el expresidente se mantiene estrictamente en el plano humano: el de un hombre que lo aconsejó en la cima y que, contra todo pronóstico, siguió a su lado cuando todo lo demás se desvaneció.