Su madre, Deb Schmill, habla ahora sobre los eventos que culminaron en la trágica muerte de su hija. La causa: una sobredosis de cocaína mezclada con fentanilo, adquirida a través de Facebook. Antes de la tragedia, la vida de Becca dio un giro devastador. A los 15 años, durante una conversación en línea con alumnos de otra preparatoria, fue víctima de una violación. Este evento traumático desencadenó un periodo de "ciberacoso en Snapchat", como lo describe su madre. El dolor y la angustia la llevaron a experimentar con drogas, buscando un alivio que no encontraba.
La familia Schmill buscó ayuda profesional. Asistieron a terapia familiar e inscribieron a Becca en programas intensivos de pacientes externos. Sin embargo, la lucha de Becca contra la adicción era persistente. “Ella solía describir una sensación de vacío interior, y no sabía cómo llenarlo”, relata Deb, con una mezcla de dolor y determinación.
El consumo comenzó con marihuana, Xanax y pastillas de amigos, pero escaló rápidamente a un abuso de oxicodona, Percocet y cocaína. El acceso a estas sustancias se facilitó a través de las redes sociales; Snapchat y Facebook se convirtieron en puertas a un mercado de drogas fácil de alcanzar.
Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), las sobrevivientes de violencia sexual tienen mayor probabilidad de desarrollar abuso de sustancias. RAINN (Rape, Abuse & Incest National Network), la organización nacional más grande contra la violencia sexual, indica que las víctimas pueden recurrir a las drogas para adormecer el dolor, confundidas por lo sucedido o por miedo a que sus allegados no comprendan el trauma sufrido.
La historia de Becca sirve como un llamado silencioso a la reflexión sobre los riesgos latentes en el mundo digital y la importancia de la salud mental en la adolescencia, dejando abierta la posibilidad de un análisis más profundo sobre la prevención y atención a estos problemas tan complejos.
