Lo que los modelos meteorológicos llaman tormenta tropical Melissa no actúa como las demás. No avanza con la urgencia de un huracán clásico; se desliza, casi con paciencia, sobre aguas que superan los 30 grados Celsius —las más cálidas registradas en esta época del año, según datos del Centro Nacional de Huracanes. Y ahí, en ese caldo de cultivo, la tormenta no solo crece: se vuelve impredecible.
Si el viento del norte la empuja hacia el este, podría desviarse sin tocar tierra. Pero si la corriente en chorro pierde fuerza —como ha ocurrido en otros sistemas recientes—, Melissa podría quedar atrapada en un bucle de energía. “Esto no es una tormenta. Es una advertencia que se está demorando en cumplirse”, dice el meteorólogo Carlos Ríos, exanalista de la AEMET, en una entrevista privada con expertos regionales.
Las islas del Caribe oriental ya registran lluvias intensas, aunque no catastróficas. En Granada, los ríos se hincharon hasta rebasar sus márgenes naturales. En Barbados, los sistemas de drenaje colapsaron en tres colonias populares. Nadie ha declarado emergencia, pero los almacenes de emergencia están siendo reabastecidos en secreto. Las autoridades prefieren no alarmar —aún—, pero los mapas de satélite muestran algo inquietante: Melissa se está fortaleciendo en una zona donde los ciclones rara vez alcanzan categoría 3.
La incertidumbre no es técnica. Es política. En Haití, donde la infraestructura colapsó tras el terremoto de 2021, los funcionarios locales ya tienen planes de evacuación listos, pero sin recursos para ejecutarlos. En la República Dominicana, las autoridades hablan de “monitoreo constante”, pero omiten que el sistema de alerta temprana está parcialmente fuera de servicio desde hace ocho meses. Mientras tanto, en Jamaica, los turistas siguen llegando. Los hoteles, con sus piscinas llenas, no han suspendido ninguna reservación.
El modelo de la NOAA sugiere que, si Melissa mantiene su rumbo actual, podría tocar tierra cerca de la península de Samaná antes del domingo. Otra variante, menos probable pero no descartable, la lleva directo al norte de Venezuela, donde las comunidades indígenas de la costa oriental no han recibido ni un solo mensaje de alerta oficial. Ni siquiera en sus lenguas nativas.
Lo que sí es cierto es que, por primera vez en la historia reciente, los satélites detectaron una inversión térmica en la atmósfera superior, justo encima de Melissa. Eso no debería suceder. Al menos, no en octubre. Y eso, dicen los científicos en círculos cerrados, podría significar que esta tormenta no es solo un fenómeno climático. Tal vez, sea un síntoma.