En diciembre, cuando los primeros pagos del ajuste 2026 lleguen a las cuentas de los 7.5 millones de beneficiarios del Supplemental Security Income (SSI), la cifra más alta será de $994 mensuales —un poco más que el precio de un boleto de autobús de Tijuana a Mexicali, y menos de lo que cuesta un alquiler mínimo en la Ciudad de México. Para parejas, el tope sube a $1,491, pero en muchos hogares, esa cantidad ya se va en medicinas, transporte y la diferencia entre comer y no comer.
La administración de Seguridad Social asegura que este ajuste es “una promesa cumplida”, pero quienes viven con esos recursos saben que no es suficiente. “Los aumentos son míseros”, señala Shannon Benton, directora de The Senior Citizens League, un grupo que lleva años exigiendo un mínimo del 3% y una nueva fórmula que refleje lo que realmente gastan los adultos mayores: medicamentos, luz, agua, y la inflación de lo básico, no la de los autos nuevos o los servicios de streaming.
El cálculo actual, basado en el Consumer Price Index for Urban Wage Earners and Clerical Workers (CPI-W), ignora que quienes dependen de estas prestaciones no compran gasolina ni smartphones. Compran insulina, pañales, y en muchos casos, medicamentos que no están en el seguro público. Por eso, en estados como California o Nueva York, donde hay aportes adicionales, el ingreso real puede duplicarse. Pero en los municipios mexicanos con más migrantes, donde las remesas son el sustento, ese margen extra apenas se nota.
La noticia se anunció con retraso, tras la parálisis del gobierno federal, y ahora los avisos llegarán por correo a partir de diciembre —una carta de una página, con números y deducciones, sin explicación. También está disponible en línea, pero no todos tienen acceso a internet estable, ni saben navegar entre trámites burocráticos que exigen credenciales que muchos ya no tienen.
El promedio de ajustes en la última década fue del 3.1%. Este año, el 2.5%. El próximo, el 2.8%. No es un retroceso, pero tampoco es un avance. Es una tasa que se mueve como un termómetro roto: marca algo, pero no dice cuánto frío hay realmente.