Huracán Melissa deja ciudades destruidas y silencios que no se escuchan en el Caribe

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La lluvia no cesaba cuando los primeros vecinos salieron a la calle. No era agua de tormenta: era río. Calles enteras se habían convertido en canales, y los árboles, arrancados de raíz, yacían como dedos rotos sobre el asfalto. Nadie hablaba de viento. Nadie recordaba el ruido; solo el silencio después, pesado, como si la tierra misma se negara a respirar