“Nos dijeron que pasáramos de uno en uno. Al que le daban un ‘sí’, lo dejaban ir. Al que le decían ‘no’, lo llevaban hacia atrás”, cuenta un empleado que prefirió no dar su nombre. “Mi hermano estaba ahí. Lo vi caminar con las manos atrás, sin mirar atrás. No gritó. No pidió ayuda. Solo se fue.”
Según testigos, al menos diez personas fueron llevadas en camionetas de ICE y CBP, aunque el número real podría ser mucho mayor. Varios empleados reportan que entre 25 y 30 trabajadores fueron separados del resto durante el operativo, que duró cerca de tres horas. Las autoridades no han confirmado cifras exactas, pero sí reconocen que la instalación —una de las más grandes en la cadena logística del noreste— tiene contratos con agencias federales, lo que, según la CBP, les otorga “acceso autorizado para verificaciones de cumplimiento migratorio”.
En el exterior, mientras las puertas del almacén volvían a cerrarse, un grupo de vecinos y activistas se congregó con pancartas en mano. Algunos llevaban fotos de familiares desaparecidos. Otros, simplemente, llevaban silencio. “Esto no es una redada. Es una limpieza,” dijo una mujer de 68 años, quien ha vivido en Carteret desde los 12. “Aquí trabajan padres, hermanos, hijos. No son fantasmas. Son los que descargan los productos que tú compras en la tienda.”
La empresa que opera el almacén, LogiCore Distribution, ha mantenido un perfil bajo desde el incidente. Su sitio web lista entre sus clientes al Departamento de Defensa, la Agencia de Protección Ambiental y varias entidades del gobierno de Nueva Jersey. Nadie ha respondido a solicitudes de comentario. Tampoco lo ha hecho la alcaldía. El Departamento de Seguridad Nacional, por su parte, emitió un comunicado breve: “La operación sigue en curso. Se proporcionará información cuando sea apropiado.”
En los días siguientes, los teléfonos de las organizaciones de apoyo a migrantes se saturaron. Llamadas de mujeres preguntando por sus parejas, de madres buscando a sus hijos, de hombres que ya no saben si volverán a ver el lugar donde ganaban su pan. Algunos dicen que los detenidos fueron trasladados al centro de detención de Elizabeth. Otros, que fueron llevados directamente a Newark. Nadie lo sabe con certeza. Las listas no se publican. Las llamadas no se contestan. Y en el interior del almacén, el silencio sigue. Solo que ahora, es más pesado. Más vacío. Más humano.