La decisión más reciente de la autoridad irlandesa de imponer un confinamiento nacional de aves de corral refleja la urgencia de contener la propagación. Tras confirmar su primer brote en tres años, el gobierno ordenó que las granjas de pollos y gallinas cierren sus instalaciones y restrinjan el movimiento de las aves, con el objetivo de evitar la interacción con las aves silvestres infectadas.
El presidente del Comité Avícola Nacional, Nigel Sweetnam, explicó a la radio nacional que “el patrón de la gripe aviar está cambiando. El reto de este año es que ha llegado probablemente un mes antes de lo normal y en diferentes puntos geográficos de Irlanda”. Con esta medida se busca frenar la rápida expansión del virus y proteger la producción avícola local.
El fenómeno no es exclusivo de Irlanda. A lo largo de la Unión Europea, 15 de los 27 países han registrado brotes en granjas esta temporada. Francia, con más de 20 millones de aves sacrificadas en 2021‑22, y el Reino Unido, que siguió su ejemplo recientemente, han adoptado restricciones similares. En los Países Bajos y Bélgica, las autoridades ya habían implementado confinamientos en octubre.
Según la plataforma francesa de vigilancia zoosanitaria, se han reportado 688 brotes de gripe aviar en la UE y el Reino Unido hasta la fecha, un aumento considerable frente a los 189 que se registraron el año pasado. Alemania, por su parte, se ha convertido en el país más afectado, con 58 brotes en explotaciones entre el 1 de agosto y fines de octubre, frente a solo ocho el año anterior. Los medios alemanes informaron que casi un millón de aves de corral fueron sacrificadas para contener la enfermedad.
Para la generación de 25 a 30 años, la crisis aviar implica más que la pérdida de producción. Los incrementos en los precios de la carne de pollo y los productos derivados, así como la posible alteración en la cadena de suministro, son factores que ya se están sintiendo en el mercado gastronómico y en la vida cotidiana.
Las autoridades sanitarias siguen monitoreando la evolución del virus y coordinan con organismos internacionales para evaluar los riesgos de transmisión a humanos y la posible propagación a otros sectores, como la ganadería lechera.
