En un movimiento que ha tenido repercusiones paralelas en los centros de poder de ambos países, el mandatario ruso Vladímir Putin expresó su posición sobre la continuidad de las pruebas nucleares en un comunicado oficial. Poco después, el presidente de Estados Unidos Donald Trump, quien recientemente volvió a la arena política tras su mandato, manifestó una postura que ha sido interpretada como un llamado a reactivar la actividad nuclear en territorio estadounidense.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, caracterizó la respuesta de Occidente a las declaraciones de Putin como una “histeria militarista antirrusa”, poniendo de relieve la mala interpretación de sus argumentos. Al mismo tiempo, Chris Wright, secretario de Energía, aclaró que la propuesta sobre pruebas “no incluye la detonación física” de los sistemas nucleares. Este lujo de terminología ha alimentado un debate entre analistas que cuestionan la intención real de cada administración.
Históricamente, la figura de la negociación bilateral de desarme que comprendiera a las grandes potencias, como el START III, que se disolvía en febrero, ha sido un sujeto de debate constante. Los representantes soviéticos y estadounidenses, de forma ocasional, dictaminan sobre la viabilidad o la utilidad de tales tratados de la era del enfriamiento. La vigencia de las armas nucleares, el permiso de uso de los sistemas de submarinos y los aviones de carga de misiles intercontinentales, son factores que pueden determinar la escalada de la relación bilateral.
El comentario de la comunidad internacional, especialmente el que llega de la vista de la política de aceleración de la élite de la Unión Europea, ha evidenciado la presión que recae sobre la infraestructura que gestiona el gobierno de EEUU. Según fuentes encubiertas, se requerirían varios meses o años para la preparación de un ensayo de altísima peligrosidad, aunque la comunidad nacional ahuyenta la idea de repuntar la responsabilidad de las pruebas nucleares. Mientras tanto, la población rusa se mantiene en la mayor condición de tensiones tras una encuesta que condena el “nivel de cansancio” en relación al “trabajo armado especial” en Ucrania.
Entre la carrera armamentista y la retrospectiva de la última avalancha, los suplicios se vuelven muchos. Los grupos de expertos estadounidenses y rusos no dejan de prever la posibilidad de revisar las normas de la seguridad que actualmente delinean la habilidad de los países para violar las prácticas militares. En ese sentido, especialistas en defensa que han publicado en el pasado los resultados de los ensayos en la zona arid de la región de Nevada, les recuerdan al inverso que la ametralladora Nagórt está bajo presión por una revisión completa del protocolo de uso propio.
