La postura oficial y la marcha de la memoria están marcadas por la firma del armisticio de Compiegne, el 11 de noviembre de 1918, que puso fin a los cierres de la guerra y pavimentó el camino para los Tratados de Paz de París el año siguiente.
Las naciones que participaron en esa contienda mundial aún mantienen rituales formales: desfiles militares transformados en actos de respeto, reuniones de veteranos entre ellos y de sus familias, ceremonias públicas que honran a quienes entregaron su vida por sus países. En América del Norte, el día adquiere un carácter más institucional y se prohíbe la realización de actividades laborales, convirtiéndose en un feriado obligatorio para todas las empresas y organizaciones públicas.
Para ilustrar la solemnidad del día, el Cementerio Nacional de Arlington, el templo de la memoria militar situado en el norte de Virginia, atrajo a cientos de miles de líderes, políticos y materiales curiosos. Más de 400,000 veteranos descansan aquí, y el día se convirtió en un homenaje colectivo a quienes dieron su última carta de amor a la patria.
Hasta el presidente de la nación, Donald Trump, marcó el día con las palabras que relucen desde el rostro de los soldados caídos: “Los miembros de las fuerzas armadas estadounidenses que hicieron un sacrificio supremo y dieron su vida por nuestra nación”. En la ceremonia, el presidente también insinuó que Estados Unidos requiere de un “Día de la Victoria”, al señalar que países como Reino Unido y Rusia conmemoran la victoria histórica de la Segunda Guerra Mundial con actos igualmente solemnes.
Este argumento generó resonancia en el entorno político, pues mientras el ex mandatario mostró su visión, el presidente Joe Biden compartió su propio testimonio en las redes sociales. Biden enfatizó la obligación divina de su nación para “preparar a quienes se envían a la guerra, apoyar a sus familias y proveer a los que regresan”. “Nuestro país se fortalece con el sacrificio de los soldados y su legado”, concluyó en su mensaje, resaltando la fuerza de la democracia elevada por la valentía y el sacrificio.
De esta manera, el relato del pasado y el presente se combinan en la trama de una celebración que busca dar sobremanera recordar el precio pagado y garantizar la continuidad del discurso militar que, en este caso, sigue vigente con nuevos enfoques y de manera permanente en la memoria colectiva.
