El escenario, que combina la historia y la modernidad de un país africano emergente, ofrece una plataforma única que, según expertos, podría redefinir las alianzas estratégicas entre Europa y el continente.
Entre las figuras que han marcado la agenda, destacan el presidente de Francia, Emmanuel Macron; el ministro de Finanzas de Alemania, Friedrich Merkel; y el mandatario de Kenia, William Ruto. Su presencia se suma a la de otros líderes europeos y africanos que, en un contexto de crisis geopolítica y nuevas amenazas de seguridad, buscan consolidar acuerdos que vayan más allá de las fronteras tradicionales.
La cumbre, que se celebra en el marco de los 25 años de relaciones entre la Unión Europea y la Unión Africana, incluye una agenda centrada en el comercio, la migración y el acceso a materias primas estratégicas. No obstante, la atención de los delegados europeos se ve también influida por el borrador que el presidente estadounidense Donald Trump ha impulsado, el cual, según ciertos círculos, se percibe como una respuesta ambivalente a la postura de Moscú.
Con el objetivo de coordinar una respuesta colectiva, los mandatarios de la UE han anunciado la posibilidad de un “encuentro especial” paralelo, mientras que funcionarios de Estados Unidos y Ucrania mantienen conversaciones en Ginebra sobre una nueva versión del proyecto de paz en el este de Europa.
Alexander Stubb, presidente de Finlandia, manifestó en un comunicado que “todavía queda mucho trabajo por hacer en el plan de 28 puntos”, reflejando la distancia persistente entre Bruselas y Washington respecto a un posible acuerdo integral.
Tras el G20 celebrado en Sudáfrica, donde la ausencia de Estados Unidos expuso las fracturas geopolíticas actuales, la cumbre en Angola se erige como un punto de convergencia clave para las potencias que compiten por la influencia en el continente africano.
El continente africano, considerado un escenario relevante para la competencia entre China, Estados Unidos, Rusia, los Estados del Golfo y Turquía, busca consolidar su posición frente a la creciente diversidad de actores. A pesar de que la UE sigue siendo el principal inversor extranjero y el mayor socio comercial, con un intercambio de bienes y servicios que alcanzó los 467 000 millones de euros en 2023, se enfrenta a una pérdida de espacio en varios países.
Geert Laporte, del centro de estudios ECDPM, enfatizó que “ya no existe esa situación en la que Europa era la única socia” y subrayó la necesidad de que los gobiernos europeos formulen una oferta lo suficientemente atractiva para superar la competencia global.
Los representantes de la Unión Africana, encabezados por Nuur Mohamud Sheekh, exigen que “África no busque nuevas declaraciones, sino compromisos creíbles y aplicables”. Este llamado se alinea con la visión de los expertos que piden acciones concretas para fortalecer la presencia europea en la región.
Dentro del programa, la cooperación en seguridad, los esfuerzos contra la migración irregular y las negociaciones para dar mayor peso a África en las instituciones internacionales ocupan un lugar destacado. El comercio, por su parte, sigue siendo el eje central, especialmente ante el impacto de los aranceles estadounidenses.
Los delegados europeos esperan presentar apoyo técnico para mejorar el comercio intraafricano, que actualmente representa solo el 15 % del total. Asimismo, se pone de relieve el acceso a minerales críticos para la transición energética europea, con el objetivo de reducir la dependencia de China en tierras raras y componentes esenciales para la industria tecnológica.
En este contexto, Bruselas planea exhibir los avances de la iniciativa Global Gateway, su plan de infraestructura para contrarrestar la presencia china. Angola, país anfitrión, alberga uno de los proyectos emblemáticos de esta estrategia: el corredor de Lobito, un ferrocarril desarrollado conjuntamente con Estados Unidos para conectar zonas mineras de la República Democrática del Congo y Zambia con el Atlántico.
Si bien la UE lo presenta como un proyecto de beneficio mutuo, críticos afirman que reproduje prácticas extractivas sin efectos inmediatos para las comunidades locales. Según Ikemesit Effiong, de la consultora nigeriana SBM Intelligence, “la inversión debe pasar del PowerPoint al piso de fábrica”. Añadió que “la credibilidad de Europa ahora depende de su capacidad para apoyar la ejecución de proyectos que generen valor en África, no solo visibilidad para Bruselas”.