Este año, el evento se llevó a cabo en la Rosaleda de la Casa Blanca, un antiguo jardín que el presidente ha renovado con una capa de asfalto. Acompañado de la primera dama, el acto contó con la presencia de periodistas, dignatarios y, por supuesto, los dos pavos que harían de protagonistas la historia de la tarde.
Los animales, ambos nacidos en julio en una granja de Carolina del Norte, fueron nombrados Gobble y Waddle. Con un peso de 24 y 23 kilos respectivamente, se presentaron sobre un podio improvisado mientras el presidente, con una sonrisa, les entregaba el perdón oficial. “Gobble, estás indultado de forma incondicional”, declaró Trump, antes de que el pavo susurrara una respuesta casi inaudible.
Mientras el público aplaudía, el mandatario no pudo resistirse a sacar a relucir al ex‑presidente Joe Biden. Bromeó sobre el uso de su “bolígrafo automático” y afirmó que los perdones de Biden a sus pavos, “Peach” y “Blossom”, estaban “totalmente inválidos”. Según Trump, el presidente anterior había decidido, a última hora, salvar a sus aves de ser procesadas.
La ironía no se quedó ahí. El presidente insinuó que, de haber llamado a los pavos con los nombres de los congresistas demócratas Chuck Schumer y Nancy Pelosi, jamás los habría concedido. Entre risas, criticó al gobernador de Illinois, JB Pritzker, calificándolo de “gran gordo y vago” y confesó que él mismo había considerado perder algunos kilos.
Tras el acto, las aves fueron trasladadas a un lujoso hotel cercano a la Casa Blanca, donde descansarán antes de ser entregadas a la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Allí, Gobble y Waddle vivirán bajo cuidado especial y evitarán el destino tradicional de ser parte del plato principal de Acción de Gracias.
La práctica del indulto de pavos, que no se convirtió en tradición anual hasta que John F. Kennedy la oficializó en 1963, sigue siendo una forma de reconocer, de manera simbólica, la magnitud de la celebración que conmemora el festín compartido entre colonos ingleses y nativos americanos en 1621. Al mismo tiempo, refleja la manera en que los presidentes estadounidenses, a lo largo de la historia, han usado la cocina como un escenario de sátira política.
En la actualidad, se estima que cada año se sacrifican cerca de 46 millones de pavos en Estados Unidos como parte de las festividades de Acción de Gracias. La tradición del indulto, por tanto, se presenta como un gesto de humor y de crítica social, manteniendo al mismo tiempo viva la memoria de los primeros días de la nación.