El expediente, que lleva por título “Estrategia Nacional de Seguridad”, plantea una serie de objetivos que van más allá de la tradicional defensa militar. Entre ellos, destaca la idea de que la región latinoamericana deberá volver a ser una prioridad estratégica para Washington, una propuesta que se alinea con la visión “America First” que impulsó la administración de Trump.
Dentro de su trazado, la estrategia pone un fuerte énfasis en la prevención de lo que describen como “migraciones masivas”. Se plantea que el control de las fronteras se convierta en el eje principal de la seguridad nacional, citando amenazas transfronterizas que incluyen terrorismo, narcotráfico y trata de personas. Este enfoque, según el documento, pretende “proteger al país contra invasiones” tanto externas como internas.
Para reforzar su influencia en el continente, el plan contempla la exposición directa a los gobiernos de Venezuela y el Caribe. Se menciona la posibilidad de “cambiar de gobierno” en Caracas, donde Nicolás Maduro mantiene el poder, y la intención de tomar control de recursos clave como el Canal de Panamá, lo que implicaría un cambio drástico en la dinámica regional.
En cuanto a la política exterior, el texto reitera la aplicación de un “Corolario Trump” a la Doctrina Monroe, una política de 1823 que buscaba proteger el hemisferio de la intervención europea. La propuesta sugiere que Estados Unidos “ajuste su presencia militar global para hacer frente a amenazas urgentes en nuestro hemisferio”, señalando un alejamiento de escenarios que la administración considera de menor importancia.
Este enfoque histórico también se complementa con una crítica a la Unión Europea. El documento describe a Europa como “irreconocible” en las próximas dos décadas y señala un descenso en su participación económica global, atribuyéndolo a la ascensión de China y otras potencias emergentes. Se advierte que “la desaparición de la civilización” será una consecuencia si las tendencias actuales persisten.
En el ámbito asiático, el plan mantiene la postura de una región “libre y abierta” en Asia-Pacífico, aunque pone un mayor énfasis en la competencia económica con China. Se subraya el apoyo al statu quo en Taiwán, invitando a aliados como Japón y Corea del Sur a reforzar la defensa de la isla, a la vez que se mantiene la prioridad de la seguridad de Israel en Oriente Medio.
El documento también aborda la percepción de la OTAN, sugiriendo que se debe “poner fin a la percepción” de que la alianza está en perpetua expansión. De esta forma, se busca limitar la influencia de otras grandes y medianas potencias sin comprometer el interés de Estados Unidos en la región.
En respuesta a estas revelaciones, Alemania y otros países europeos han manifestado que no requieren “consejos externos” y han mantenido su postura de defensa de la soberanía y los valores democráticos en la región.
Con esta estrategia, el gobierno de Trump parece estar intentando reforzar la posición de Estados Unidos en América Latina y al mismo tiempo recalibrar su enfoque global, dejando en claro su intención de mantener la supremacía estadunidense frente a competidores como China y la Unión Europea.