El dirigente estadounidense evitó contestar a la pregunta de la periodista Dasha Burns sobre la viabilidad de desplegar tropas estadounidenses en territorio venezolano, calificando la idea de una intervención militar como “inconveniente” y eludió detallar los pasos concretos que, según él, podrían seguirse.
Durante la conversación, Trump también criticó a la Unión Europea, describiéndola como un “grupo de países en decadencia” liderado por “débiles”, y expresó su escepticismo sobre cualquier colaboración con la organización.
El gobierno de Trump, que no reconoce la legitimidad de Maduro y lo acusa de liderar el “Cartel de los Soles”, ha mantenido desde mediados de año una presencia militar sin precedentes en la región bajo la etiqueta de “Lanza del Sur”. Esta operación ha culminado en la destrucción de una veintena de lanchas supuestamente cargadas con droga en el Caribe y el Pacífico, según informes, con la supresión de más de 80 personas que Washington identifica como “narcoterroristas”.
El presidente también recordó el ataque del 2 de septiembre contra una presunta embarcación de narcotráfico, que generó polémica tras el descubrimiento de supervivientes del primer bombardeo. La cadena de órdenes, encabezada por el Departamento de Guerra y el almirante Frank Bradley, culminó en un segundo bombardeo que, según Trump, se llevó a cabo para neutralizar a los que intentaban “dar la vuelta” al barco.
En noviembre, a pesar de la tensión palpable, Trump y Maduro mantuvieron una conversación telefónica que, según fuentes consultadas por The Washington Post, fue cordial. El presidente estadounidense expresó su deseo de que Maduro renunciara al poder, aunque no fijó un ultimátum, y ambos acordaron seguir en contacto.
Con la comunidad internacional observando los próximos movimientos de las potencias involucradas, la región se encuentra en un punto crítico donde cada declaración y acción puede tener repercusiones profundas y de largo alcance.