Ese mismo gesto retó a la comunidad diplomática, generando debates sobre la alineación de los calendarios festivos y la percepción de la soberanía nacional. Más de tres meses después, el presidente se reunó con sus ministros de Estado en un comunicado que se transmitió por los canales oficiales y la televisión estatal.
En la conferencia de prensa, Maduro explicó su elección de una fecha «adelantada» para el inicio del nuevo año, argumentando que “lo hace a la cabeza con el resto del mundo”. Según el mandatario, la medida es parte de una “estrategia de adelanto de las festividades y del tiempo”, con el objetivo de que Venezuela esté “disponible al instante cuando llegue el 1 de enero en el resto de la comunidad internacional”.
El discurso no estuvo exento de referencias a los recientes acontecimientos en el Caribe. Se recordó el desalojo de una embarcación que transportaba crudo venezolano, que fue ejecutado por las fuerzas de Estados Unidos en las cercanas aguas de Maracaibo. Maduro calificó la acción como una “piratería naval criminal” y denunció el “secuestrado de los tripulantes”, subrayando la necesidad de reforzar la seguridad en la región ante la presencia militar estadounidense.
El presidente también citó las “23 semanas de avances en materia de seguridad”, señalando una “conjugación perfecta popular-militar-policial” como garantía de la paz interior. Según se explicó, la estrategia busca reforzar la soberanía al anticipar los movimientos de Estados Unidos y asegurar la integridad territorial del país.
Mientras los ciudadanos de Caracas llegan a los festivales de fin de año con la premisa de que “el 2026 ya empezó”, la narrativa nacional plantea la imagen de una Venezuela que, a pesar de los retos externos, sigue contando con un gobierno que intenta sincronizar su propio ritmo con el del resto del mundo.