Al amanecer del sábado, una alerta inesperada sacudió al campus de la Universidad de Brown: una llamada de emergencia de la sección de seguridad del edificio de ingeniería. La información inicial, filtrada por fuentes del campus, señalaba que un "evento violento" había ocurrido durante los exámenes finales.
Las autoridades, respaldadas por el Director de Policía de Providence, Oscar Pérez, actuaron con rapidez. Según la conferencia de prensa que sostuvo el jefe de la policía, la sospechosa persona detenida tiene alrededor de 30 años y se encuentra bajo custodia en una de las instalaciones policiales del estado. Pérez aseguró que no se busca a más personas en este momento y se mostró reservado respecto a la relación del detenido con la universidad o a la ubicación exacta de su arresto.
Hasta la mañana del domingo, el arma que disparó la víctima aún no había sido recuperada. Sin embargo, la policía sí recuperó dos cargadores con 30 cartuchos de 9 mm de calibre, según un funcionario que pidió mantenerse en anonimato. Se desconoce el número total de disparos, pero los informes mencionan que el atacante recorre más de 40 rondas.
Los siete mil trescientos estudiantes de pregrado, más de tres mil de posgrado y el personal de la universidad sufrieron las consecuencias de la tragedia. Nueve de ellos resultaron heridos; la cifra se mantiene hasta la fecha, con las autoridades investigando el alcance de los daños y la posible dispersión de fragmentos que provocaron lesiones adicionales.
La misma cita de la rectora Francis Doyle hizo hincapié en la solidaridad de la comunidad académica: “Ofrecemos apoyo integral y espacios seguros para los estudiantes que se encuentren en el campus”. Al mismo tiempo, el anuncio de la cancelación de todas las actividades académicas y los exámenes a partir del lunes marca el inicio de una pausa de más de un semestre para la institución.
Entre la multitud de la comunidad, se contó la historia de Chiang H. Chien, un estudiante de doctorado en ingeniería que estaba a tan solo una cuadra del lugar de los hechos. Sus amigos recuerdan cómo apagó las luces de su laboratorio y se escabulló detrás de los escritorios cuando la alarma comenzó. También destaca la presencia de Mari Camara, de 20 años y residente de la ciudad de Nueva York, quien buscó refugio en la taquería local y permaneció allí más de tres horas, enviando mensajes de texto a sus amigos mientras esperaba a la policía que inspeccionaba el campus.
Los negocios cercanos, que normalmente están en plena actividad hasta tarde, prefirieron permanecer cerrados. Los residentes de los elegantes barrios de ladrillo rojo y el centro de Providence han hecho declaraciones con el mismo tono de conmoción, compartiendo su dolor en redes sociales y dejando el recuerdo de una comunidad que, contra todo pronóstico, sigue intentando ponerle sentido a lo ocurrido.