Los indicadores de calidad del aire –medidos por la compañía suiza IQAir— mostraron niveles de PM2,5 superiores a 100 µg/m³, superando el umbral de salud pública recomendado por la OMS. Tal cifra coloca a Sarajevo en la lista de ciudades con peor aire del mundo, una posición que preocupa tanto a residentes locales como a especialistas en salud pública. El aumento de casos de bronquitis aguda y de hospitalizaciones por enfermedades respiratorias crónicas se ha registrado en los registros clínicos regionales, lo que refuerza la urgencia de las medidas adoptadas.
En medio de la tormenta invisible, la comunidad ha reaccionado con medidas de protección improvisadas. Más de 70 % de los habitantes reportó haber usado mascarillas N95, mientras que en los barrios periféricos se instaló un sistema de filtrado de aire en las escuelas que, aunque limitado, ofrece una respiración más segura para los estudiantes. Los constructores locales, bajo la prohibición de trabajo al aire libre, han recurrido a proyectos “invernadero” en oficinas subterráneas, intentando mantener la producción sin comprometer la salud de su equipo.
El contexto económico también se ve afectado. Los cierres de flotas y la imposibilidad de trabajar en obras públicas han generado pérdidas estimadas en 12 millones de euros, según la Cámara de Comercio de Sarajevo. A la par, el turismo ha sufrido un descenso del 15 % durante la semana de los alertas, con la cancelación de 300 vuelos y la reducción de alojamientos, lo que plantea preocupaciones sobre la recuperación del sector en los próximos meses.
A nivel regional, el fenómeno no es aislado. En Belgrado, la capital vecina, las mismas unidades de PM2,5 han superado los 80 µg/m³, provocando protestas en las plazas públicas y la formación de grupos de presión que demandan políticas de transporte público más limpias. La tendencia de la polución urbana en los Balcanes Occidentales se mantiene, pues la falta de infraestructura adecuada y los hábitos de combustión de hogares siguen siendo desafiantes para alcanzar los estándares europeos.
Con la prohibición de vehículos que no cumplan los criterios de emisiones y la restricción de construcción, el gobierno de Bosnia y Herzegovina pretende no solo paliar la crisis inmediata sino también sentar las bases de una estrategia a medio plazo: invertir en sistemas de energía renovable, reforzar la red de transporte público y establecer una red de monitoreo de la calidad del aire en tiempo real. Este enfoque, que incluye a la comunidad en la toma de decisiones, sugiere un futuro donde la salud pública y el medio ambiente son prioridades compartidas, aunque el reto de transformar el panorama urbano persiste.