Alrededor de las 07:30 hs, una serie de explosiones interrumpió la calma del caserío el Juncal. Cuatro militares perdieron la vida y siete resultaron heridos. Los atacantes, identificados como integrantes del Ejército de Liberación Nacional (ELN), emplearon dispositivos explosivos que desencadenaron una respuesta inmediata de los soldados con disparos de fusil en medio de la neblina de la mañana.
El almirante Francisco Cubides, comandante en jefe de las Fuerzas Militares, calificó el incidente como “cobarde” y condenó el “atentado terrorista” que dio golpe directo a la seguridad republicana. La comandante del batallón, el Coronel Luis Emilio Cardozo, expresó su “lamento y rechazo” ante la violencia que marcó la base N.º 27.
Este suceso representa una segunda agresión del ELN contra la fuerza pública en la última semana, arrastrando a la región al caos. El gobierno del presidente Gustavo Petro, que inició su mandato en 2022 con la promesa de una “paz total”, ha visto fracasadas varias negociaciones con la guerrilla, mientras las organizaciones armadas se extienden y refuerzan sus redes de poder.
La zona del Cesar, a la frontera con Venezuela, ha sido escenario de la violencia el pasado enero, cuando el ELN asesinó a más de 100 personas. La reciente toma de la localidad de Buenos Aires, en el Cauca, es otro recordatorio de la agresividad que persiste a lo largo de los territorios colombianos.
Con la última explosión ya se han generado discusiones sobre la protección de los puestos militares rurales y la necesidad de fortalecer las capacidades de respuesta rápida, mientras la calma se despliega, aunque el eco de la pólvora y la incertidumbre aún pende sobre el horizonte de la región. Es un llamado silencioso a la acción y a la prevención que se escuchará en las próximas semanas, mientras el país evalúa las lecciones aprendidas y las medidas a adoptar para evitar que la violencia se repita en el mismo lugar.