En España, un padre frustrado por los intentos fallidos de controlar el acceso a las redes sociales de su hija adolescente pide al gobierno que prohíba estas aplicaciones para los niños. Mientras tanto, en Francia, una madre ha decidido no dar teléfonos inteligentes a sus hijos hasta los 15 años, aunque no cree que la solución pase por una prohibición gubernamental.
En Chile, una madre considera que la responsabilidad de enseñar a los niños a usar las redes de manera responsable recae en los padres, no en el gobierno. Sin embargo, en países como Australia, la mayoría de los padres apoya la implementación de nuevas normativas, aunque los adolescentes están buscando formas de eludirlas, como el uso de VPNs.
Malasia ha dado un paso importante, anunciando que planea prohibir el uso de redes sociales a los menores de 16 años a partir de 2026. En Dinamarca, el gobierno podría imponer restricciones aún más estrictas, prohibiendo a los menores de 15 años el acceso a estas plataformas, aunque los padres podrán autorizar su uso a partir de los 13 años. Estados Unidos también ha tomado medidas, con varios estados aprobando leyes que exigen el consentimiento paterno para que los menores usen redes sociales.
El debate sobre el impacto de las redes sociales en los niños y adolescentes es global. En Israel, el diseñador Israel Pérez apoya una ley similar a la australiana, diciendo que tal legislación ayudaría a los padres a establecer reglas claras y apoyaría su posición frente a las presiones de la cultura digital. En Dinamarca, Anne Kroijer, madre de cuatro hijos, convenció a la mayoría de los padres en la escuela de su hija mayor para que no compraran teléfonos inteligentes a sus hijos, optando por modelos más simples, sin acceso a aplicaciones ni pantallas táctiles grandes.
En Reino Unido, Justine Roberts, fundadora de Mumsnet, un foro para padres, mencionó que el tema del tiempo de pantalla es uno de los más discutidos entre los usuarios de la plataforma. De hecho, una encuesta reciente mostró que el 83% de los padres apoyaría una prohibición similar a la de Australia, y 58% estaría más dispuesto a votar por un partido político que respalde estas medidas.
Sin embargo, no todos los padres están de acuerdo con las restricciones. En París, Charlotte Valette prefiere los controles parentales estrictos y agradece que la escuela de sus hijos prohíba los teléfonos inteligentes. En Chile, Paulina Abramovich está tranquila con el uso de redes sociales de sus hijos, señalando que su hijo menor no usa Instagram y que ve muchos videos en YouTube, lo que le ha ayudado en sus estudios.
En Kenia, un país que apuesta por la tecnología para impulsar su economía, es difícil convencer a los padres de que retiren los teléfonos inteligentes a sus hijos. Calvin Odera, trabajador social de Nairobi, comentó que las plataformas se han vuelto fundamentales en la vida cotidiana de los kenianos, lo que hace complicado que el gobierno imponga restricciones.
En Alemania, los padres han solicitado al parlamento un límite de edad para el uso de redes sociales, aunque el debate sigue siendo muy dividido. Verena Holler, madre en Hamburgo, apoyó la petición de no permitir el uso de redes sociales a menores de 16 años, una medida que mantuvo incluso cuando sus hijos se quejaban de no poder acceder a plataformas populares como sus compañeros.
Finalmente, en Malasia, Shoaib Sabri, un padre preocupado por la exposición temprana de su hija a contenidos inapropiados en YouTube, respalda la prohibición propuesta en su país, controlando de cerca el uso de la tecnología a través de configuraciones de Apple.
En resumen, el debate sobre las redes sociales y los jóvenes sigue creciendo globalmente, con diferentes enfoques según el país. Mientras algunos padres ven en las restricciones una forma de proteger a sus hijos, otros consideran que las plataformas son una parte inevitable de la vida moderna.