Estados Unidos incautó este miércoles dos buques petroleros vinculados a Venezuela en aguas del Atlántico, uno de ellos con bandera rusa, como parte de la campaña del presidente Donald Trump para controlar los flujos de petróleo en el continente americano. La acción elevó la tensión con Moscú, en un contexto ya marcado por el conflicto en Ucrania.
La operación culminó tras una persecución de varias semanas, cuando la Guardia Costera y fuerzas especiales militares estadounidenses interceptaron al petrolero Marinera, que previamente se había negado a ser abordado y había cambiado su registro a bandera rusa. La incautación se realizó con una orden judicial y contó con el apoyo de la Real Fuerza Aérea británica y de un buque militar del Reino Unido.
De acuerdo con Washington, el Marinera —antes conocido como Bella-1— forma parte, junto con otro petrolero llamado Sophia, de una llamada “flota en la sombra” utilizada para transportar petróleo sancionado procedente de Venezuela e Irán. Mientras el Marinera se encontraba vacío al momento de la interceptación, el Sophia navegaba totalmente cargado cerca de la costa noreste de Sudamérica, según reportes oficiales de Caracas.
La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, señaló que Estados Unidos continuará incautando petroleros sancionados, muchos de los cuales están vinculados a empresas en Rusia o China. Añadió que, pese a la medida, el presidente Trump mantiene relaciones “buenas” con sus homólogos de Rusia y China.
Desde Moscú, el Ministerio de Exteriores de Rusia exigió un “trato humano y digno” para los tripulantes del Marinera. Por su parte, la fiscal general estadounidense, Pam Bondi, informó que la tripulación del buque enfrentará cargos penales, al acusarla de desobedecer órdenes y realizar maniobras para evitar la aprehensión.
La incautación refuerza la presión de Estados Unidos sobre las redes de transporte de petróleo sancionado y abre un nuevo capítulo de fricción diplomática en medio de un escenario internacional ya tenso.