Irán atraviesa su momento más crítico en décadas. Lo que inició a finales de diciembre como un reclamo por el costo de vida ha escalado hasta convertirse en una movilización nacional contra el sistema teocrático. Según la organización de derechos humanos HRANA, la represión ha dejado ya 538 muertos, entre ellos 490 manifestantes y 48 miembros de seguridad, además de una cifra récord de más de 10,600 detenidos en apenas dos semanas.
La advertencia de Washington y la respuesta de Teherán
El presidente Donald Trump ha elevado el tono diplomático a niveles de preguerra. Tras amenazar repetidamente con "salir al rescate" de los manifestantes si continúa la violencia, el mandatario recibirá este martes un informe sobre opciones militares que incluyen desde ataques dirigidos hasta operaciones de ciberseguridad.
La respuesta de Irán no se hizo esperar:
La situación ha puesto a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) en estado de vigilancia extrema. Aunque oficialmente consideran las protestas un "asunto interno", el ejército israelí ha confirmado que está preparado para responder con fuerza ante cualquier escalada regional, recordando la guerra de 12 días que ambos países libraron el año pasado.
Mientras tanto, en ciudades como Teherán y Mashhad, la población desafía el toque de queda y el bloqueo de comunicaciones. A pesar de los reportes de matanzas masivas y la amenaza de pena de muerte para los detenidos, las multitudes continúan marchando bajo consignas que exigen el fin de la República Islámica, en lo que ya se considera la mayor amenaza para el régimen desde la Revolución de 1979.