Lo que comenzó como una tarde de verano austral se ha transformado en una pesadilla de ceniza y fuego. En las regiones de Ñuble y Biobío, a unos 500 kilómetros al sur de Santiago, Chile lucha contra 14 focos de incendios forestales que, impulsados por vientos feroces y temperaturas que superan los 30°C, se han vuelto imposibles de controlar.
El presidente Gabriel Boric, quien se desplazó a Concepción para coordinar la emergencia, fue dolorosamente honesto ante la nación: aunque el reporte oficial confirma 18 fallecidos, la certeza de que habrá más víctimas es absoluta. Solo en la localidad de Penco, el alcalde Rodrigo Vera informó que 14 personas murieron calcinadas al ser alcanzadas por las llamas en cuestión de segundos.Relatos desde el epicentro del desastre
Para los habitantes de villas como Italia o Lirquén, la madrugada del domingo fue una carrera por la supervivencia. "A las dos y media de la mañana, un remolino de fuego se comió las casas", relató Matías Cid, un estudiante que logró escapar con lo puesto apenas 20 minutos antes de que su hogar fuera consumido.
En Lirquén, el panorama es desolador: