La relación entre Londres y Washington atraviesa un momento de alta tensión. El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, rompió su habitual tono conciliador para lanzar una dura advertencia a Donald Trump: el Reino Unido no cederá ante presiones ni amenazas de aranceles para cambiar su postura sobre la soberanía de Groenlandia.El conflicto estalló luego de que Trump calificara como una "gran estupidez" el acuerdo de 2025 en el que Reino Unido cedió la soberanía de las islas Chagos a Mauricio (manteniendo la base militar de Diego García en arrendamiento).
Según Starmer, estas críticas no son casuales. El líder laborista afirmó que Trump utiliza el tema de Chagos con el "propósito expreso" de presionarlo para que apoye las ambiciones estadounidenses sobre Groenlandia. "Mi postura es inequívoca: el futuro de esa isla pertenece únicamente a su pueblo y a Dinamarca", sentenció ante la Cámara de los Comunes.La presión de la Casa Blanca no es solo retórica. Trump ha amenazado con imponer aranceles del 10% a los aliados europeos, incluido el Reino Unido, a partir del 1 de febrero si no facilitan la adquisición de la isla ártica.
Los puntos de fricción:
Ante las críticas internas y externas, el Gobierno británico defendió que el acuerdo sobre Chagos fue una medida estratégica para salvar la base militar de Diego García, la cual corría peligro debido a fallos de tribunales internacionales. El pacto garantiza la operatividad de la base por 99 años a cambio de un pago anual de 120 millones de libras, una cifra que Trump considera inaceptable pero que Londres ve como el precio de la estabilidad en el Índico.