La obsesión de Donald Trump por adquirir Groenlandia ha escalado a niveles diplomáticos sin precedentes. Durante su intervención en Davos 2026, el republicano anunció haber alcanzado el "marco de un futuro acuerdo" con la OTAN sobre el territorio ártico, tras una reunión con el secretario general de la alianza, Mark Rutte.
La estrategia del "palo y la zanahoria"
Trump combinó promesas de paz con advertencias directas, marcando una jornada de alta tensión para los líderes europeos:
Adiós a la fuerza (por ahora): Por primera vez, el mandatario descartó el uso de militares para la anexión, aunque reiteró que Estados Unidos necesita la soberanía total por seguridad nacional.
Tregua arancelaria: Como muestra de "buena voluntad", retiró la amenaza de imponer aranceles del 25% a ocho países europeos que se oponían a sus planes.
El ultimátum: Pese a la distensión, lanzó una frase que resonó en Copenhague: "Pueden decir que sí y lo apreciaremos; pueden decir que no y lo recordaremos".
¿Qué incluye el supuesto acuerdo?
Aunque los detalles son escasos, Trump adelantó que el pacto es "infinito" y contempla:
Derechos de explotación: Acceso preferencial a los vastos recursos minerales de la isla.
La "Cúpula Dorada": Un ambicioso sistema de defensa antimisiles que se desplegaría en Groenlandia para proteger a Occidente.
Contención geopolítica: Bloquear el avance de Rusia y China en el Ártico.
Desde Moscú, Vladímir Putin minimizó las aspiraciones de su homólogo, pero no perdió la oportunidad de ponerle precio al territorio. Comparándola con la venta de Alaska en el siglo XIX, Putin estimó que Groenlandia tendría un valor de entre 200 y 1,000 millones de dólares.
Mientras el Kremlin calificó el asunto como un problema entre Dinamarca y EE. UU., los mercados internacionales reaccionaron con alivio ante la pausa de la guerra comercial, provocando un repunte en Wall Street tras semanas de incertidumbre.