Estados Unidos atraviesa una de las crisis climáticas más severas de la última década. Una colosal tormenta invernal ha dejado a su paso un rastro de parálisis y tragedia, con un saldo preliminar de 17 víctimas mortales y una nación que lucha por recuperar la movilidad bajo capas de nieve que, en algunas zonas, alcanzan los 60 centímetros de altura.
Desde Arkansas hasta Nueva Inglaterra, una franja de más de 2,100 kilómetros permanece bajo alerta máxima. Las autoridades han descrito el fenómeno como una combinación letal de nieve, aguanieve y una ola de frío ártico que ha forzado el cierre de escuelas y comercios este lunes.
El sistema de infraestructura ha colapsado en puntos clave del país:
Apagones masivos: Más de 800 mil usuarios amanecieron sin luz, afectando principalmente a los estados del sur.
Caos aéreo: Se reportan más de 4,400 retrasos y cancelaciones de vuelos a nivel nacional.
Temperaturas récord: En Minnesota, el termómetro cayó hasta los -40 °C, mientras que el promedio nacional de temperatura alcanzó su punto más bajo desde 2014.
El ministro de Transporte, Sean Duffy, advirtió que la situación es "única" por la peligrosidad del hielo acumulado, lo que convierte a las carreteras en trampas mortales. En Mississippi, el gobernador Tate Reeves calificó la tormenta como la peor desde 1994, desplegando 750 mil litros de químicos para intentar deshielo en las vías principales.
Mientras en Manhattan algunos residentes disfrutaron de las calles cerradas para jugar en la nieve, en ciudades como Corinth, Mississippi, la industria se detuvo por completo. Plantas de maquinaria pesada como Caterpillar ordenaron a sus empleados quedarse en casa para evitar desplazamientos de alto riesgo.
El Servicio Meteorológico Nacional ha emitido advertencias de frío extremo desde Montana hasta Florida. Aunque las nevadas han comenzado a remitir en algunas áreas, el peligro persiste debido al "re-congelamiento" de las vías durante las noches, lo que mantendrá al país en un estado de pausa forzada durante los próximos días.