En lo que se considera el asalto más violento contra la red eléctrica en lo que va del año, Rusia ejecutó un bombardeo masivo sobre al menos cinco regiones de Ucrania. Este ataque ocurre en un momento diplomático crítico: mientras el jefe de la OTAN, Mark Rutte, visitaba Kiev y apenas un día antes de que delegaciones de ambos países se reúnan en los Emiratos Árabes Unidos para buscar una salida al conflicto.
El presidente Volodimir Zelenski informó que Moscú utilizó un número récord de 32 misiles balísticos, diseñados para perforar las defensas antiaéreas y colapsar los servicios básicos de la población.
Según informes, Rusia había aceptado detener los ataques a Kiev hasta el 1 de febrero tras una petición personal de Trump a Vladímir Putin, pero la tregua expiró justo cuando la ofensiva se recrudeció.
Durante su discurso ante el parlamento ucraniano, Mark Rutte reafirmó que la Alianza Atlántica no dará un paso atrás. Detalló que los países europeos y EE. UU. ya suministran el 90% de los misiles de defensa antiaérea utilizados por Ucrania, subrayando que la seguridad de Europa se juega en el frente ucraniano.
Este miércoles, las delegaciones se verán las caras en Abu Dabi. Sin embargo, con Rusia ocupando territorios clave y manteniendo una presión militar asfixiante sobre los civiles, un acuerdo integral parece todavía una meta lejana.