La histórica presentación de Bad Bunny en el Super Bowl LX no fue recibida con entusiasmo en la oficina oval. A través de su plataforma Truth Social, el presidente Donald Trump lanzó una dura crítica al espectáculo, catalogándolo como uno de los peores en la historia del evento y asegurando que la elección del artista representó una falta de respeto para la nación. Esta postura fue respaldada por la cuenta oficial de la Casa Blanca, que al inicio del show publicó el lema "Make America Great Again", mientras otros funcionarios de su administración presumían en redes sociales que preferían sintonizar un concierto alternativo organizado por grupos conservadores en señal de protesta.
La tensión entre el político republicano y el músico boricua no es nueva, pues ambos han mantenido un enfrentamiento ideológico público durante años. El mandatario ya había anticipado su ausencia en el Levi's Stadium, argumentando su rechazo tanto al reguetonero como a la banda Green Day, cuyos integrantes han sido críticos feroces de sus políticas migratorias. Por su parte, el intérprete de 31 años ha utilizado su plataforma global para denunciar las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y la gentrificación en Puerto Rico, llegando incluso a excluir a Estados Unidos de su más reciente gira mundial por temor a operativos contra su comunidad.
Este choque cultural resalta la profunda división política que rodea al evento deportivo más importante del país. Mientras los seguidores de Benito Martínez celebran su éxito como un triunfo de la identidad latina, el sector oficialista lo interpreta como un desafío a los valores tradicionales que promueven. En su último álbum, "Debí tirar más fotos", el cantante reafirmó su compromiso con sus raíces, un mensaje que parece chocar frontalmente con la narrativa de la actual administración, convirtiendo un escenario musical en el nuevo epicentro de la disputa política estadounidense.