Una situación de alerta máxima se vivió en la frontera sur de Estados Unidos luego de que se detectara la incursión de drones pertenecientes a cárteles mexicanos en territorio texano. El secretario de Transporte, Sean Duffy, confirmó que la Administración Federal de Aviación (FAA) y el Departamento de Defensa actuaron de forma inmediata para neutralizar lo que calificaron como una amenaza a la seguridad nacional. Aunque inicialmente se había programado un cierre de diez días para el espacio aéreo de El Paso y zonas aledañas en Nuevo México, la rápida resolución del conflicto permitió levantar las restricciones y normalizar las operaciones comerciales en pocas horas.
Pese a la reapertura, el incidente dejó al descubierto la vulnerabilidad de la zona fronteriza y la contundencia de la respuesta estadounidense, que llegó a catalogar el área como "espacio aéreo de defensa nacional" con autorización para el uso de fuerza letal. Aerolíneas como Southwest y United Airlines tuvieron que reajustar sus itinerarios, afectando a una terminal que moviliza a millones de pasajeros anualmente. Aunque las autoridades no detallaron la tecnología utilizada para inhabilitar las aeronaves del crimen organizado, líderes locales expresaron su sorpresa ante la magnitud de una medida de seguridad sin precedentes en la región.