La diplomacia vaticana ha marcado una distancia clara frente a la estrategia de la administración estadounidense para el conflicto en Oriente Medio. Tras un periodo de evaluación de la invitación enviada por la Casa Blanca al papa León XIV, el secretario de Estado, Pietro Parolin, anunció que la Santa Sede no formará parte de la Junta de Paz que sesionará este jueves. El argumento central radica en la identidad institucional del Vaticano, cuya misión espiritual y mediadora difiere de la de los Estados convencionales, sumado a una serie de dudas y "perplejidades" sobre el diseño de la propuesta norteamericana que, según la Santa Sede, aún requieren aclaraciones profundas.
Esta decisión posiciona al Vaticano en un bloque de escepticismo junto a naciones como Francia, España y Suecia, contrastando con la postura de Italia, que asistirá al encuentro en calidad de observador bajo la premisa de que no existen alternativas viables. Mientras tanto, en el terreno del conflicto, el grupo Hamás ha instado a los futuros integrantes de esta mesa de negociación —que incluirá a mandatarios de Israel, Argentina y Arabia Saudí— a ejercer una presión real sobre las operaciones militares en la Franja. El rechazo de la Santa Sede añade una capa de complejidad ética y política a la reunión de Washington, cuestionando la eficacia de un foro que nace con ausencias europeas y religiosas de alto peso.