El panorama político de Perú ha dado un vuelco dramático este martes 17 de febrero con la destitución de José Jerí como presidente interino. La salida del poder del abogado de 39 años se consolidó tras una moción de censura en el Congreso, motivada no solo por cuestionadas reuniones "encapuchadas" con empresarios chinos y presunto tráfico de influencias, sino también por el resurgimiento de una perturbadora denuncia de violación. Horas antes del debate, se filtró el testimonio de Marco Antonio Cardoza, un antiguo amigo de Jerí y hoy prófugo, quien solicitó pruebas biológicas y psicosexuales contra el mandatario por un presunto abuso ocurrido a finales de 2024.
Aunque la Fiscalía había archivado el caso en agosto de 2025 bajo el argumento de falta de pruebas, los detalles revelados —que incluyen el hallazgo de prendas de vestir en la escena del presunto crimen y una orden judicial no cumplida para que Jerí tomara terapia psicosexual— dinamitaron su escaso apoyo político. A esto se sumaron las críticas por la contratación de mujeres jóvenes en el Estado tras visitas nocturnas a Palacio de Gobierno y su polémico historial en redes sociales. Al ser censurado como presidente del Legislativo, Jerí perdió automáticamente el mando del país, dejando atrás una gestión marcada por la sombra del escándalo.
La destitución de Jerí ocurre a menos de dos meses de las elecciones generales del 12 de abril. El Congreso, que se encuentra en receso pero sesionó de forma extraordinaria, busca ahora un perfil de consenso para ocupar la presidencia por apenas unas semanas; una tarea compleja debido a que la mayoría de los legisladores están enfocados en sus propias campañas de reelección. Con solo el fujimorismo manteniendo un apoyo residual al exmandatario bajo el argumento de la "estabilidad", Perú vuelve a enfrentar el vacío de poder que ha caracterizado su política desde 2016, confirmando una inestabilidad institucional que parece no tener fin.