El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha consolidado un nuevo centro de operaciones en Oak Brook, Illinois, como punto de partida para una serie de intervenciones a gran escala en el área de Chicago. En las instalaciones ubicadas en la calle W. 22, se ha reportado el arribo de cientos de oficiales y el despliegue de decenas de camionetas destinadas a los traslados durante las redadas. De acuerdo con testimonios del personal en el sitio, el movimiento de efectivos comenzó formalmente este lunes 16 de febrero, marcando el inicio de una fase de alta actividad operativa que ha puesto en alerta máxima a los residentes de la zona.
Ante la inminente puesta en marcha de estos operativos, las organizaciones civiles han intensificado sus patrullajes comunitarios con el fin de proteger a la población vulnerable. Activistas locales han comenzado a distribuir insumos de protección, como cascos y mascarillas, para prevenir daños por posibles enfrentamientos o el uso de agentes disuasivos durante las detenciones. Estas agrupaciones buscan no solo alertar sobre la presencia federal, sino también evitar que las jornadas de control migratorio deriven en actos de violencia que comprometan la seguridad de los vecindarios.
El impacto emocional y económico ya se percibe entre las familias migrantes, quienes han optado por el autoaislamiento como medida de supervivencia. Casos como el de María Gómez, residente de Chicago desde hace más de dos décadas, ilustran la parálisis que vive la comunidad: muchos han dejado sus empleos y limitado sus salidas exclusivamente para el abastecimiento de víveres esenciales. Este "toque de queda" voluntario refleja el clima de incertidumbre que impera en la ciudad, donde la prioridad actual para miles de personas es resguardarse en sus hogares a la espera de que disminuya la intensidad de la vigilancia federal.