La cifra de fallecidos en el estado de Minas Gerais ha ascendido a 36 tras el hallazgo de nuevos cuerpos durante la madrugada de este miércoles, mientras los equipos de rescate mantienen una búsqueda contra el reloj para localizar a 33 personas desaparecidas. El municipio de Juiz de Fora se ha convertido en el epicentro de la catástrofe, concentrando la gran mayoría de las víctimas mortales en una región que permanece bajo la amenaza de nuevas precipitaciones. Los servicios de emergencia trabajan actualmente en nueve frentes distintos, logrando poner a salvo a más de doscientas personas que quedaron atrapadas por el lodo y el agua en una zona caracterizada por su compleja topografía.
El impacto del temporal ha transformado el paisaje de localidades como Juiz de Fora y Ubá en un escenario de destrucción, con barrios enteros anegados y estructuras colapsadas por constantes deslizamientos de tierra. Alrededor de 700 ciudadanos han tenido que abandonar sus hogares ante el riesgo inminente de derrumbes, mientras las previsiones meteorológicas sugieren que las lluvias torrenciales no darán tregua en los próximos días. Esta situación mantiene en alerta máxima a las autoridades locales, quienes priorizan en este momento la asistencia humanitaria y la evacuación de zonas vulnerables antes de poder evaluar los daños materiales y dar paso a las futuras labores de reconstrucción.
Desde la esfera política, el gobernador Romeu Zema ha garantizado que la presencia de los cuerpos de salvamento será indefinida hasta que se logre estabilizar la situación en los municipios afectados. Por su parte, el Gobierno federal ha comenzado a movilizar recursos económicos para auxiliar a quienes han perdido sus viviendas, estableciendo mecanismos de transferencia directa a las alcaldías y negociando el adelanto de beneficios sociales para los damnificados. La prioridad absoluta sigue siendo el rescate de supervivientes en un entorno donde el suelo saturado de agua representa un peligro latente para los rescatistas y la población civil.