Los ministros de Exteriores de la Unión Europea (UE) dejaron claro este lunes que no respaldarán una ampliación de la misión naval Aspides hacia el estrecho de Ormuz, reafirmando su postura de no involucrarse directamente en el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. A pesar de las presiones del presidente estadounidense Donald Trump, quien ha exigido mayor cooperación de la OTAN y aliados para proteger el tráfico marítimo en la estratégica vía, los países europeos insistieron en que el enfrentamiento actual "no es nuestra guerra".
La jefa de la diplomacia comunitaria destacó que la operación Aspides, enfocada actualmente en el mar Rojo, ha tenido un desempeño limitado con solo tres bajas navales registradas, y aunque se discutió su refuerzo, no hubo voluntad política para extender su mandato al estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas licuado.
El canciller alemán, Friedrich Merz, fue contundente al afirmar que Berlín no aportará medios militares para garantizar la navegación en la zona mientras persista un conflicto con "objetivos poco claros". Por su parte, el portavoz del gobierno alemán, Stefan Kornelius, subrayó que la guerra de Israel y Estados Unidos contra Irán "no tiene nada que ver con la OTAN", descartando así cualquier implicación institucional de la alianza.
El primer ministro del Reino Unido, Keir Starmer, coincidió con esta postura: "No nos dejaremos arrastrar a la guerra", aseguró, y añadió que busca una pronta conclusión del conflicto, no solo por razones de seguridad, sino por su impacto en el costo de vida global. "Cuanto más se prolongue, más peligrosa se vuelve la situación", advirtió.
Desde Estonia, la política europea reconoció que "los intereses de Europa están directamente en juego", al tiempo que acusó a Irán de librar "una guerra contra la economía mundial". No obstante, esta percepción no ha sido suficiente para impulsar una acción militar conjunta en el Golfo Pérsico.
Trump, por su parte, criticó la respuesta "tibia" de varios aliados, especialmente de naciones de la OTAN, y recientemente solicitó al presidente chino, Xi Jinping, posponer un encuentro previsto para finales de marzo, lo que ha generado especulaciones sobre una posible reconfiguración de la estrategia diplomática global ante la escalada en Oriente Medio.