Shigeaki Mori, sobreviviente de la bomba atómica de Hiroshima y reconocido por su incansable labor humanitaria, falleció el 14 de marzo de 2026 a los 88 años en un hospital de Hiroshima, según informó la agencia japonesa Jiji Press. No se han revelado las causas de su deceso, pero su partida deja un profundo vacío en la memoria colectiva mundial sobre los horrores de la guerra nuclear.
Mori, quien tenía solo ocho años cuando la bomba estadounidense arrasó Hiroshima el 6 de agosto de 1945, dedicó más de tres décadas a una misión poco común: identificar y dignificar a las víctimas olvidadas, incluidos 12 soldados estadounidenses que murieron en la explosión y fueron enterrados en el patio de su escuela. En un contexto de profundo dolor nacional, su esfuerzo por honrar a quienes eran considerados "el enemigo" representó un acto de valentía moral sin precedentes.
Como hibakusha —término que designa a los sobrevivientes de las bombas atómicas—, Mori eligió no solo recordar, sino también reconciliar. Comprendió que el sufrimiento humano trasciende nacionalidades y banderas, y que el duelo de una madre por la pérdida de un hijo no conoce de lados en conflicto. Su trabajo permitió que las familias de los soldados estadounidenses conocieran el destino de sus seres queridos, aportando paz y cierre a generaciones.
Su labor silenciosa cobró reconocimiento global en 2016, durante la histórica visita del entonces presidente de Estados Unidos, Barack Obama, al Parque Conmemorativo de la Paz de Hiroshima. En un momento que rompió protocolos, Obama abrazó a Mori, quien lloraba al recibir al líder de la nación que había lanzado la bomba. Aquel abrazo simbolizó la reconciliación humana por encima de la historia bélica.
La muerte de Mori llega en un momento crítico, cuando las tensiones internacionales resurgen y las lecciones de Hiroshima parecen desvanecerse. Su partida, meses después de que los hibakusha fueran galardonados con el Premio Nobel, plantea una pregunta urgente: ¿quién preservará la memoria cuando los últimos testigos hayan partido?
Shigeaki Mori no solo sobrevivió al horror del hongo atómico; construyó sobre sus escombros un legado de compasión, dignidad y paz. Su vida fue una prueba de que la verdadera reconciliación no nace de discursos, sino de actos individuales de humanidad. El mundo lo recordará como un guardián de la memoria, cuya luz no se apagará con su ausencia.